CONTRIBUCION A CARGO DEL
LICENCIADO RENÉ ARAUZ PANAMA
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En febrero de 1995 tomó posesión la Junta Directiva del Sindicato de Trabajadores de la Chiriqui Land Company (SITRACHILCO) presidida por José Morris Quintero, quien había ocupado el cargo en dos ocasiones anteriores: entre 1981 y 1984, periodos caracterizados por la gran beligerancia de los dirigentes; este fue un factor decisivo en las elecciones de enero de 1995, resultando favorecido el denominado grupo "democrático" por un amplio margen de votos.
A escasos tres meses de asumir el cargo, durante una Asamblea General de Trabajadores reunida para conmemorar el 1° de mayo de 1995, se aprobó un pliego de peticiones de 30 puntos contra la transnacional bananera Chiriqui Land Company, por las constantes violaciones a la Convención Colectiva, en vigencia desde 1993. Este conflicto colectivo culminó con el acuerdo del 29 de junio de 1995, donde la dirigencia obrera logró, hábilmente restablecer algunas cláusulas de la Convención Colectiva de 1993, vulneradas por su homóloga de 1993.
La recién instalada Junta Directiva demostró un alto grado de liderazgo frente a la masa obrera, y reafirmó su enorme capacidad de lucha cuando se enfrentó, nuevamente, a la empresa por la actitud reiterada de incumplir los Acuerdos logrados el 29 de junio de 1995, y al gobierno del presidente Ernesto Pérez cuando pretendía reformar el Código de Trabajo de 1972, para implementar políticas económicas neoliberalistas extremas, en Panamá.
El equipo negociador del SITRACHILCO estuvo integrado por los directivos: José Morris Quintero, Edgar Omar Williams, Rogelio Rojas, Hermenegildo Rubio, Dinorah E. Taylor y el Licenciado Antonio Osorio, como asesor legal, quienes salieron avantes en las pretensiones de la masa obrera y constriñeron a la transnacional a firmar un nuevo acuerdo el 9 de octubre de 1995, donde se puso de relieve el respeto a la Convención Colectiva.
Debemos, también destacar el importante papel, jugado por el Secretario de Prensa y Propaganda del SITRACHILCO, Carlos Acosta Atencio, quien dirige "La Voz del Sindicato", órgano informativo del sindicato de las bananeras, quien diariamente se encargaba de concienciar a la masa obrera y a los conciudadanos, a través de la emisora Radio Sitrachilco, acerca del gran daño que las reformas al Código de Trabajo provocarían a las clases populares panameñas, quienes hoy por hoy afrontan las desastrosas consecuencias de tal medida gubernamental, al igual que todas las agrupaciones obreras, las cuales se han visto debilitadas en su integridad.
Con respecto a las actuaciones del gobierno, el sindicato bananero liderizó una huelga junto con otras 49 organizaciones sociales, agrupadas en la Coordinadora Nacional de Unidad Sindical Independiente (CONUSI) que se extendió durante 10 días, al cabo de los cuales fue levantada, pues el presidente de la República había sancionado a sangre y fuego la Ley 44 de 12 de agosto de 1995, que reformo el Código de Trabajo, en evidente desprecio por la clase obrera.
A partir de entonces, las relaciones colectivas de trabajo entre las partes se mantuvieron en forma estable y se dio inicio a lo que se denomino: "el proceso de integración sindicato-empresa", que consistió en un artificio por parte de la Chiriqui Land Company para socavar las bases del SITRACHILCO, y llevar a la debacle al poderoso gremio obrero, al transformarlo en un sindicato de cogestión; por lo que la Directiva comandada por José Morris, reelecta en enero de 1997, decidió poner fin a esta trama de la compañía norteamericana.
A los dirigentes obreros en este periodo, les correspondía negociar la nueva Convención Colectiva, que entraría en vigencia en junio de 1997. Las negociaciones se llevaron inicialmente en forma adecuada, pero al entrar a discutir la parte económica del proyecto de Convención Colectiva, que contemplaba aumentos salariales, éstas se estancaron, motivando al sindicato a convocar a una Asamblea General de Trabajadores, donde se aprobó la presentación de un pliego de peticiones, y se dio inicio a la negociación colectiva por vía de la conciliación el 18 de junio.
Por su parte la transnacional insistía en no conceder los aumentos exigidos por los trabajadores e imponía la condición de que se le permitiera cerrar el departamento de exportación muelle; sin embargo, los miembros del equipo negociador del SITRACHILCO se rehusaron a aceptar tales imposiciones y reiteraron la disposición de irse a la huelga, fijada por la Asamblea General de Trabajadores, para el 1° de septiembre de 1997, porque no se había logrado ningún acuerdo con la mediación del Ministerio de Trabajo.
A escasos minutos para el inicio de la huelga general indefinida en la Chiriqui Land Company, las partes alcanzaron un excelente acuerdo para los trabajadores bananeros, a consecuencia de la medida de presión y firmaron la nueva Convención Colectiva 1997-2001, considerada como la mejor de todas las celebradas por las partes. La empresa no pudo despedir a los trabajadores, ni cerrar los departamentos, por el contrario, el nuevo contrato colectivo la obligaba a ceder aumentos salariales y mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.
El ventajoso acuerdo firmado el 31 de agosto de 1997 en la ciudad de Panamá, suponía el inicio de una fase de entendimientos y excelentes relaciones colectivas entre las partes. Estas negociaciones habían destacado a la Junta Directiva del SITRACHILCO, como el grupo organizado con mayor liderazgo, capacidad y unidad, al mando de una organización obrera en nuestro país.
Las circunstancias demostraron que la coalición de José Morris y León Sánchez, como secretario general y de organización, respectivamente, resultaba excelente, por la experiencia acumulada en el cargo máximo de la organización, durante la década de los ochenta, además, de la gran visual que tenían para solucionar los conflictos colectivos sin precedentes, que tuvieron lugar en esa época en la zona bananera. Este constituía un factor decisivo en los momentos actuales, pues a partir de entonces el sindicato debía movilizarse y prepararse para la época difícil, que había iniciado la empresa con el restablecimiento de las antiguas prácticas antisindicalistas y con la colaboración incondicional del gobierno de turno, en espera de la oportunidad para acabar con el inquebrantable SITRACHILCO.