1. Reunidos en la Ciudad de México del 8 al 14 de noviembre de 1998, representantes de las organizaciones de trabajadores de América Latina y del Caribe, celebrando el XI CONGRESO DE LA CLAT, debatieron cuestiones relacionadas con la globalización y la integración regional, con el empleo, el trabajo infantil, la seguridad social, la educación, la deuda externa y la deuda social, y con los cambios y retos que debemos encarar los trabajadores organizados de cara al siglo XXI y las políticas y estrategias a seguir.
2. La globalización es un fenómeno que no se puede ignorar, pero no debe gobernar la vida de las naciones, de los pueblos y de las gentes. La ideología que monitorea el actual proceso de globalización es la neoliberal, impuesta como pensamiento único y que lleva más bien a la globalización del capitalismo como única vía de organización de vida de la humanidad.
Para esto, hay que rechazar la argucia de que esta globalización es inevitable e irreversible, y se señala la necesidad de orientar el proceso, ciertamente inevitable, de internacionalización y de interdependencia mundial con ideas y propuestas alternativas orientadas hacia el bien común de toda la humanidad y hacia un nuevo orden mundial libre, democrático, plenamente humano, más justo y solidario y por una vía más allá del neoliberalismo y del capitalismo.
3. Todo país pequeño, mediano o grande de América Latina y del Caribe, abandonado y aislado a su propia suerte, será aplastado sin misericordia por el actual proceso de globalización y sus trabajadores pagarán el precio más brutal.
La CLAT siempre ha reiterado, y lo confirmó en México, que la mejor respuesta y propuesta de cara a la globalización es la integración comunitaria de todas las naciones de América Latina y El Caribe, y que articule irreversiblemente lo económico y comercial con lo social y laboral, con lo político, con lo cultural y espiritual. Se señaló que en los hechos esta integración comunitaria está avanzando con nueva dinámica en los procesos modulares del MERCOSUR, de la Comunidad Andina, del Sistema de Integración Centroamericana y del Caribe que están madurando para ensamblarse en el marco de la integración regional como ya se puede comprobar con los acuerdos entre el MERCOSUR y la Comunidad Andina y que darán vida finalmente, a la Comunidad Latinoamericana de Naciones.
Se enfatizó que México, aún cuando la geografía lo colocó en el extremo norte de la región, es parte viva e irremplazable del proceso de integración comunitaria regional y de la Comunidad Latinoamericana de Naciones.
Así mismo se insistió en que la integración comunitaria no debe quedar solamente en manos de los gobiernos, de los diplomáticos, de los técnicos y de los organismos internacionales, y que se debe potenciar a fondo la participación activa de los trabajadores organizados y de toda la sociedad civil, a fin de abrir los espacios laborales, sociales, políticos y culturales que superen las actuales limitaciones mercantiles y economicistas, afirmando que la integración sólo puede ser apoyada por los trabajadores y por los pueblos si garantiza avanzar sólidamente hacia el mejoramiento sustantivo de la calidad de vida de todos y hacia la eliminación de los factores que han convertido a América Latina en la región más injusta del mundo.
Teniendo en cuenta estas perspectivas se reiteró que el ALCA no es un proyecto de integración comunitaria, y que sólo apunta a una zona de libre comercio hemisférica, que sin duda beneficiará a los EE.UU. y a las grandes empresas globales, y que es peligroso concentrarse solamente ante la problemática del ALCA, asumiendo que la gran tarea y reto es la construcción de la Patria Grande Latinoamericana que debe potenciar el poder latino y abrir una nueva fase de relaciones más iguales, más dignas, más beneficiosas entre el Sur y el Norte del Hemisferio Occidental.
Se confirmó que los trabajadores en una Zona de Libre Comercio Hemisférica sin derechos, cultura y democracia, serán los grandes perdedores y que solamente podrán mejorar sus vidas, lograr sus reivindicaciones de calidad, y jugar un protagonismo socio-político determinante en una América Latina coherentemente comunitaria, es decir en la Comunidad Latinoamericana de Naciones.
Se enfatizó la necesidad de promover nuevos conceptos, contenidos, mecanismos y prácticas de la unidad de acción entre todas las organizaciones de trabajadores existentes y reconocidas en la Región, a fin de impulsar con más fuerza el proceso de integración comunitaria latinoamericana y garantizar que la misma sea claramente favorable para los trabajadores y las mayorías nacionales.
Se acordó ampliar y perfeccionar los programas especializados de formación de dirigentes sindicales en todas las materias de la integración latinoamericana, señalando que instituciones como la UTAL, INCASUR e ICAES deben concentrar y coordinar mejor sus esfuerzos e iniciativas en esta materia.
4. En materia de Seguridad Social se ratificó que ésta, junto con el tema de la salud, deben concebirse y tratarse como bienes públicos y de la nación, como componentes claves del bien común de las gentes. En este sentido, se confirmó la necesidad de reformular aquellos sistemas controlados y gerenciados por el Estado y rechazar categóricamente los procesos ya iniciados en varios países, conducentes a la privatización de la Seguridad Social y de la Salud, entregados a la lógica ciega e inhumana del mercado y de la mercantilización y aún especulación, favoreciendo a una minoría privilegiada.
Se aprobó impulsar un nuevo tipo de Seguridad Social y de salud popular en base a los proyectos ya aprobados y sobre todo lograr modificar la actual relación de fuerzas y de poder para abrirles camino efectivo de realización a los mismos.
5. La erradicación del trabajo infantil en sus formas inaceptables y extremas debe orientar la política y estrategia de las organizaciones de la CLAT dentro del programa global aprobado que apunta a la eliminación final del trabajo infantil. Se acordó el máximo de cooperación y de unidad de acción en esta materia con las otras organizaciones de trabajadores no afiliadas a la CLAT y con los distintos actores de la sociedad civil y de la sociedad política que están operando en estas perspectivas. Se reiteró el apoyo al programa de la IPEC/OIT a condición de que no se siga parcializando con una determinada tendencia sindical.
6. Se confirmó que el tema de la deuda externa, lejos de haber entrado en un proceso de solución, sigue siendo un nudo de estrangulamiento de la vida económica de los países deudores y sigue alimentando gravemente la deuda social, habiéndose constatado que cuánto más se paga más se debe por el tratamiento usurero que los acreedores siguen dando al tema de la deuda externa.
Se acordó unir iniciativas y esfuerzos con todos aquellos que están operando para modificar el tratamiento de la deuda externa, llegando inclusive a su cancelación total. En este sentido, continuar y reforzar la cooperación con el Parlamento Latinoamericano y participar activamente en todas las iniciativas, movilizaciones y acciones inspiradas por el llamamiento del Papa Juan Pablo II en pro de la cancelación de la deuda externa con ocasión del Jubileo del Año 2000; exigir en lo inmediato la cancelación de deudas externas de Honduras, Nicaragua, Guatemala y El Salvador, países desbastados por el Huracán Mitch a fin de que puedan disponer de recursos estructurales para su reconstrucción, complementados con la solidaridad internacional.
7. La lucha por el pleno empleo debe ser una eje central de las políticas, estrategias y acciones reivindicativas de las organizaciones de trabajadores, y para esto se planteó la necesidad de establecer una alianza estratégica con las pequeñas y medianas empresas apoyando el fortalecimiento y multiplicación de las mismas, ya que actualmente generan entre el 60 y 80% del empleo en la Región. Se resaltó que el desempleo no es un fenómeno de la coyuntura sino que es fruto de las actuales estructuras económicas y sociales y del paradigma neoliberal del crecimiento económico sin empleo y sin distribución justa, de las aperturas indiscriminadas que debilitan los procesos productivos nacionales y desintegran el mercado interno, habiéndose enfatizado la necesidad de establecer un nuevo paradigma de desarrollo integral que articule simultáneamente y en un mismo pie de valoración lo económico y social pero también lo político, lo ético y cultural orientado principalmente a la generación creciente y sostenida de empleos dignos, productivos y rentables.
La CLAT compartirá y participará activamente con las demás organizaciones de trabajadores en todas las iniciativas, propuestas y programas tendientes a la generación del empleo en toda la Región.
8. Aún cuando la educación por si sola no es suficiente para resolver los agudos problemas que conforman la nueva cuestión social, es un elemento clave para contribuir a la solución de fondo de los mismos.
La promoción de una educación accesible a todos y de la misma calidad para todos se resaltó como un objetivo de prioridad a reivindicar por las organizaciones de los trabajadores, junto con la ampliación y mejoramiento de la formación y la capacitación profesional de los trabajadores y especialmente de los jóvenes trabajadores.
Se cuestionaron muchas de las reformas educativas puestas en marcha por servir al modelo neoliberal y para favorecer a una minoría de la población. Se confirmó que el tipo de educación a compartir debe responder al tipo de sociedad, de democracia, de desarrollo e integración nacional y latinoamericana, que se orienten a las profundas transformaciones que requieran nuestras naciones.
Se enfatizó la necesidad de promover con firmeza la democratización de los conocimientos y de la información ante las estrategias ya en curso que apuntan a que una minoría privilegiada monopolice la producción, distribución y aplicación de los conocimientos y de la información para favorecer sus propios intereses económicos, políticos y culturales.
9. La incorporación de las mujeres y de los jóvenes trabajadores se resaltó como un factor indispensable para aumentar la representatividad de las organizaciones de trabajadores y favorecer la renovación de las mismas.
10. Se enfatizó la necesidad de potenciar las nuevas formas de organización y de acción del campesinado de la región, así como la necesidad de mejorar y ampliar las políticas y estrategias destinadas a organizar, representar y proteger de modo efectivo a los trabajadores que operan en la economía informal en las maquiladoras y en los movimientos migratorios, sabiendo que el número de trabajadores afectados por estas situaciones crecerá en los años venideros.
11. Todas las organizaciones de trabajadores serán profundamente interrogadas, interpeladas y exigidas por los grandes cambios y desafíos que se presentarán en el siglo XXI. El futuro del sindicalismo estará inevitablemente condicionado por las respuestas y propuestas que provengan del seno de la clase trabajadora organizada. El Movimiento de Trabajadores deberá repensar y redimensionar también profundamente su pensamiento, su organización y su acción a fin de ponerse en las mejores condiciones posibles para seguir representando y defendiendo con el máximo de eficacia las causas del trabajo humano y de los trabajadores.
Se acordaron importantes propuestas para esto, especialmente referidas al conjunto de organizaciones de la CLAT, como vía obligada para seguirse proyectando como la mejor alternativa del siglo XXI para los trabajadores de América Latina y del Caribe.
12. El siglo XX fue escenario de las grandes luchas de los trabajadores de la Región para promover la dignidad del hombre y de la mujer trabajadora, para lograr importantes conquistas económicas, sociales, políticas y culturales a favor de la clase trabajadora, para promover la justicia social y la solidaridad junto con los derechos fundamentales de los trabajadores y sus organizaciones y al mismo tiempo para impulsar grandes transformaciones sociales. El siglo XX finaliza con la hegemonía planetaria del capitalismo salvaje que exige nuevos conceptos, nuevas políticas y estrategias para enfrentarlo en el siglo XXI, rechazando completamente la idea de que el capitalismo es la única vía para organizar la vida de la humanidad.
En México, la CLAT rindió un cálido y profundo recordatorio a todos los hombres y mujeres que ofrendaron sus vidas para la causa de los trabajadores, provenientes de las distintas ideologías y experiencias nacionales. Y confirmó que la lucha continúa y que continuará a lo largo del siglo XXI, señalando que la gran fuerza será la de la solidaridad entre todos los trabajadores, y llamando a apostar con más fuerza, con más convicción, con más mística, a la vida, a la esperanza y a la utopía, para construir finalmente una sociedad nacional, una comunidad latinoamericana de naciones y un mundo post-neoliberal y post-capitalista.