TRABAJADORES ESTATALES COLOMBIANOS EN PARO

Jorge Giraldo Ramírez Director de Programas Escuela Nacional Sindical

El Paro Nacional Indefinido de los trabajadores estatales ha sido recibido, como de costumbre, con la antipatía de los medios de comunicación, la histeria del empresariado conservador y el autoritarismo del Gobierno. A todos les parece que el paro es un despropósito, pero quienes tenemos buena memoria sabemos que en Colombia nunca un paro ha parecido prudente a los centros de poder. Sin embargo, el presente paro decretado por las centrales obreras era absolutamente previsible.

Latinoamérica está afrontando una de las crisis más duras de la historia, con los peores indicadores sociales de que se tenga memoria y una receta de ajuste económico que está provocando una generalizada protesta popular. Solo en el últimos mes hemos tenido paros nacionales en Bolivia, Perú, Ecuador, y huelgas y protestas importantes en Argentina y México. El paro colombiano es una muestra más de la reacción popular contra una situación social agobiante.

Los sindicalistas colombianos, a través de su principal vocero Luis Eduardo Garzón, han expresado su conciencia de la necesidad de una reforma de las políticas económicas pero se oponen, con toda razón, a que dicho ajuste se haga a costa de los más pobres y de persistir en un modelo económico que desde 1990 solo ha producido estragos. Y es que la orientación del actual gobierno está retratada en dos hechos de las últimas semanas: el desmonte del subsidio en servicios públicos a los estratos 1, 2 y 3 y la operación de salvamento de la entidad financiera Granahorrar que hasta ahora cuesta 150 millones de dólares, lo que en plata blanca significa quitarle el subsidio a los pobres para subsidiar a los ricos.

En concordancia con este criterio el paro de los trabajadores estatales tiene entre sus objetivos la revisión de medidas económicas que afectan la prestación de servicios de salud y educación, la capacidad del Estado para atender las necesidades básicas de la gente y las condiciones mínimas para la subsistencia de la industria nacional. El empleo y las condiciones mínimas de vida de la gente son la preocupación principal de los sindicatos expresada en el pliego de peticiones que presentaron al Gobierno nacional.

Y obviamente, otra de las motivaciones del paro está en la lucha por un aumento de salarios por lo menos mantenga el nivel de vida de los servidores públicos y sus familias. ¿Y si la lucha por el salario, por la subsistencia, no es una lucha digna y justa, cuál puede serlo?

El Ministro de Hacienda, que no por respetable deja de ser neoliberal, ha dicho que el pliego vale 4,000 millones de dólares, lo que ha sido desmentido por los dirigentes del paro que lo calculan en 500. Sin embargo, buena parte de los puntos del pliego sindical no cuestan un solo peso. Los trabajadores están pidiendo espacios de concertación sobre los temas económicos (presupuestales y tributarios) y sindicales (garantías y normatividad). Pero la capacidad de diálogo social del gobierno conservador parece más escasa que el mismo dinero público. Por eso la reacción de la dirigencia sindical es apenas natural: mientras a los guerrilleros les dan salvoconductos, los paros son declarados ilegales; mientras se plantea diálogo incondicional con los actores armados, se le niega la palabra a los trabajadores; mientras el Presidente se abraza con los jefes de la insurgencia, los dirigentes sindicales son puestos presos.

Los argumentos del Presidente de la República no dejan de ser absurdos y contraevidentes: Dice que no negocia con los sindicatos por que son una minoría -minoría de un millón de afiliados, pero negocia con la insurgencia que es una minoría de 15,000 hombres y se arrodilla al empresariado que es una minoría aún más pequeña; él mismo fue electo por una minoría. Ha dicho siempre que el deber no se pacta pero prepara su tercer viaje a Washington en menos de medio año y sus asesores hablan de paz "a cualquier precio".

El Paro Nacional Indefinido de los trabajadores estatales no solo es explicable, también es justo y oportuno. A dos meses justos de la posesión del Presidente de la República, los trabajadores son los primeros en sentir los rigores de las políticas gubernamentales. Los únicos que creen que no pasa son los príncipes que duermen sobre los colchones de la riqueza, la especulación y la fantasía. Bajo esos colchones está el pueblo colombiano que aguanta... pero el aguante tiene sus límites.

Octubre 14 de 1998


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